La doctrina errada del bautizador cristiano.

Las falacias son argumentos que a primera vista parecen ser válidos, pero que en realidad no lo son. En el caso de la falsa analogía, se trata de un argumento que está basado en comparaciones irrelevantes o engañosas. A este tipo de falacia también se le conoce como analogía defectuosa, analogía débil, comparación errónea, metáfora como argumento y falacia analógica. Por ejemplo, sería un gran error suponer que una ballena, por ser mamífero, tiene cuatro patas, dado que la gacela, que también es un mamífero, tiene cuatro patas. Pues este es el razonamiento de los falsos maestros que enseñan esa doctrina de que “solamente el cristiano puede y debe bautizar”. Aquí consideramos algunos de sus desatinos

La falsa analogía de elementos intrínsecos.

¿Qué debe hacer el no cristiano para ser salvo? Algunos le dirán que “debe hacerse bautizar por un varón cristiano”. Con esta respuesta, ellos están adulterando el plan de salvación que enseña la Biblia. Ellos están agregando requisitos que el plan de salvación bíblico no tiene. Ante esto, ellos dicen que no, que no están agregando nada, puesto que “el bautizador cristiano” es intrínseco al “bautismo”. Así como el “agua” es inseparable del bautismo, así “el bautizador cristiano” también lo es. Sin embargo, esto es falso, pues mientras que el falso maestro legaliza arbitrariamente algunas características del bautizador, al mismo tiempo ignora las características del agua. No toda agua es la misma agua, ni toda agua goza de la misma condición. ¿Por qué, pues, hacer una doctrina con ciertas características que de manera caprichosa señalan del bautizador, y al mismo tiempo ignoran las características y condición del otro elemento que también es intrínseco al bautismo? Si el agua es corriente o no, fría o no, potable o no, su condición y características no les importa, mientras que al hablar del bautizador, allí sí, de manera arbitraria, escogen ciertas características que sean aceptables y necesarias de acuerdo a sus escrúpulos. Por tanto, si la condición y características de uno de los elementos intrínsecos al bautismo son esenciales, deben de serlo también las características y condición de ambos elementos, pues ambos son intrínsecos al bautismo. Agua es requerida y absolutamente necesaria, como el bautizador es requerido y es absolutamente necesario. Por tanto, dado que ambos elementos comparten la misma importancia, es un error ignorar las características y condición de uno y establecer como esenciales las del otro.

La proposición de los falsos maestros que adulteran el evangelio, dice, “Solamente el cristiano puede y debe bautizar”, pero en la práctica, ellos no están de acuerdo con esa idea y, de hecho, la adulteran. He aquí las maneras en que ellos mismos no creen a su doctrina:

  1. No respetan el significado del sustantivo “cristiano”, pues mientras que el Nuevo Testamento muestra que se trata de un sustantivo epiceno, es decir, que incluye ambos sexos, los falsos maestros dicen que las hermanas no pueden, ni deben bautizar. Esto echa por tierra su doctrina de que “solamente el cristiano puede y debe bautizar”.
  2. Adulteran su doctrina, cambiando el “sustantivo” por un “adjetivo”; pues al ver que su tesis no es conforme a sus escrúpulos, dicen que solamente “el varón cristiano” es quien puede y debe bautizar. Sin embargo, la palabra “cristiano”, en la frase, “el varón cristiano”, no es “sustantivo” sino “adjetivo”. ¡Esto derriba su doctrina de que “solamente el cristiano puede y debe bautizar”!

Así como la condición y características del agua son irrelevantes, de este modo el que sea “cristiano” el bautizador también es irrelevante, cumpliendo el agua con su función de cubrir total y plenamente al bautizado; y por su parte, el bautizador, si es un cristiano nuevo, viejo, maduro, inmaduro, fiel, infiel, casado, soltero, con hijos o sin ellos, viudo, judío, mexicano, alto, delgado, falso o verdadero, o incluso, si no es un cristiano, eso no está en consideración para que la inmersión se realice o para que el bautismo sea válido y el pecador sea perdonado por el Señor. El perdón de Dios para el inconverso es un asunto entre ellos dos. Si el bautizador tiene malos motivos al bautizar, eso no afecta la fe de aquel que obedece de corazón al Señor. Si el bautizador vive en adulterio, eso no afecta la salvación del que, arrepentido de sus pecados, es sumergido en agua por ese perverso. El bautizador puede no estar arrepentido de su pecado, pero eso no invalida el arrepentimiento del inconverso que está siendo bautizado para su salvación. ¿Quién, en su sano juicio, se atreverá a decir que la mala conciencia del bautizador daña la aspiración de aquel que es bautizado para salvación? El inconverso se bautiza teniendo la aspiración de gozar de una buena conciencia hacia Dios (1 Pedro 3:21); y no logrará eso en razón de la conciencia buena o mala del bautizador. Más bien, la salvación es real, dice Pedro, “por la resurrección de Jesucristo”. La eficacia del bautismo no tiene nada que ver con la condición espiritual del bautizador, la cual puede ser buena o mala, sino por acogerse el pecador a la bondad y la misericordia de Dios. Ananías dijo a Pablo, “Levántate y bautízate y lava tus pecados, INVOCANDO su nombre” (Hechos 22:16). La eficacia del bautismo de Saulo, no radicaba en la condición de aquel que le estaba bautizando, sino en el hecho de invocar el nombre del Señor, pues “todo el que invocare el nombre del Señor, será salvo” (cfr. Joel 2:32; Hechos 2:21; Romanos 10:13). La eficacia del arrepentimiento y el bautismo de aquellas como tres mil personas que fueron bautizadas el día de Pentecostés, no radicaba en el hecho de haber sido bautizadas por alguien en particular, sino por haberse arrepentido y bautizado “en el nombre de Jesucristo” (Hechos 2:38). Ese es el fundamento o la base sobre la cual está sostenida la promesa de justificación que el Espíritu Santo dio a ellos a causa de su fe (v. 39; Gálatas 3:8, 14). Desde luego, ordinariamente será un varón cristiano quien bautice, pero esto no siempre se puede garantizar, y a veces no puede ser posible, por lo que, si bautiza una hermana en Cristo, o un inconverso, aun así, Dios perdona al pecador arrepentido.

La falacia de los elementos.

Cuando alguno que se cree buen ministro de Jesucristo, nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina” (1 Timoteo 4:6), y al mismo tiempo lleva a cabo una comparación entre el bautizador cristiano y los elementos de la cena del Señor, la realidad es que no “usa bien la palabra de verdad” (2 Timoteo 2:15). Ellos, torpemente, dicen que, si no hay fruto de la vid para comer la cena del Señor, no se puede utilizar agua o jugo de tomate en lugar del jugo de uva. Ellos concluyen que la cena del Señor simplemente no se puede realizar, y en esto estamos de acuerdo. Pero, no compartimos el error cuando hacen una falsa analogía entre el varón cristiano y el fruto de la vid o el pan sin levadura, arguyendo que, así como no se puede emplear agua o jugo de tomate al comerla, tampoco puede bautizar una hermana en Cristo o un inconverso. ¿Por qué no estamos de acuerdo con esa analogía? Porque el fruto de la vid, como el pan sin levadura, no solamente están especificados, sino que representan realidades físicas que fueron elementales para la redención del pecador, y no así el “bautizador cristiano”. Sobre el pan, Jesús dijo, Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado” (Lucas 22:19; cfr. Hebreos 10:10; 1 Pedro 1:24). Sobre el fruto de la vid, es decir, sobre la copa, dijo, Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama” (cfr. Lucas 22:20; cfr. Hebreos 9:13-14; 1 Pedro 1:18-19). Como vemos, los elementos de la cena del Señor, representan realidades físicas y espirituales relativas a la redención del pecador celebrada en la cruz del calvario. Esto mismo se puede decir del agua en que el creyente arrepentido que es bautizado, pues en conjunto con la fe, se representa la muerte, sepultura y resurrección de Cristo (cfr. Romanos 6:1-6). La “sepultura” y el ser “plantados” son imágenes inseparables del agua en que uno es bautizado. Incluso, cuando Jesús habló del nuevo nacimiento, dijo, el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3:5). De ahí que no es extraño que el etíope, cuando se le predicó el evangelio de Jesús, dijera, “Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?” (Hechos 8:36). El agua para ser bautizado es de tal importancia, que el mismo Dios obró en casa de Cornelio, para que nadie pudiese “impedir el agua” (Hechos 10:47) y así Cornelio y los suyos fueran bautizados. Todo esto nos dice la importancia y lo esencial que son los elementos de la cena del Señor y el agua del bautismo. Todos señalan realidades físicas y espirituales que están estrechamente unidas al plan de redención. Pero sabe qué, ¡nada de esto se puede decir del “bautizador cristiano”! Un bautizador es requerido; sin embargo, así como las condiciones y características del agua son irrelevantes, de esta forma la condición y características del bautizador son irrelevantes. Por tanto, comparar los elementos de la cena del Señor con cierto bautizador particular, es fabricar una falsa analogía.

Lorenzo Luévano Salas

Evangelista.

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