Me fue enviado un video en el que Jimmy Pineda, discípulo del tractor y falso maestro Fernando Mata, realizó una transmisión el sábado 10 de enero de 2026. En ella abordó diversas cuestiones doctrinales que, según afirma, deben ser defendidas estrictamente con libro, capítulo y versículo. Entre otras cosas, exige respaldo bíblico para justificar lo que él llama “institutos anti bíblicos”, sosteniendo además que un no cristiano puede bautizar válidamente. Estas y otras afirmaciones serán examinadas cuidadosamente en este repaso. He aquí lo que dijo Jimmy Pineda, y que hoy estaremos refutando.
Primero agradecemos a quienes nos hacen llegar este tipo de materiales, especialmente a aquellos que, dentro de esos círculos cerrados, son considerados “infieles” por no someterse a las doctrinas peculiares de estos falsos maestros. Sin estas personas, que observan desde dentro, sería imposible conocer las declaraciones que se hacen con notable valentía en sus nichos privados, en sus transmisiones controladas, en sus verdaderas cuevas doctrinales, donde hablan sin nuestra oposición y sin que estemos presentes para responderles.
En ese contexto, Jimmy Pineda afirma seguir el ejemplo del apóstol Pablo cuando reprendió a Pedro. Para justificar su práctica, apela selectivamente a la expresión “delante de todos” en Gálatas 2:14, presentándola como modelo de autoridad para sus reprensiones públicas. Sin embargo, de manera conveniente, ignora el dato contextual inmediato que el mismo pasaje establece con claridad, es decir, que Pablo resistió a Pedro “cara a cara” (Gálatas 2:11).
Aquí surge una contradicción que no puede ser ignorada. Mientras Pineda se atribuye autoridad para reprender públicamente en videos a personas ausentes, al mismo tiempo viola el mismo modelo que dice imitar. El ejemplo apostólico que él invoca no consiste únicamente en una reprensión pública, sino en una confrontación directa, personal y presencial. Si se apela al “delante de todos”, también se está obligado a respetar el “cara a cara”. El texto no permite amputaciones selectivas.
Por tanto, mientras Jimmy Pineda no respete el modelo completo que pretende usar como autoridad, carece de base bíblica para hablar contra personas que no están presentes en su trasmisión. Gálatas 2:11–14 no autoriza transmisiones unilaterales ni monólogos digitales. Ese texto, lejos de respaldar su práctica, lo condena. Lo ata. Le impide hacer exactamente lo que hace.
Ahora, si intentan escapar citando otros textos para justificar hablar contra alguien que no está presente, todavía están obligados a respetar la suma total del testimonio bíblico. Y en esa suma, el “cara a cara” no es un detalle decorativo, sino parte esencial del ejemplo que ellos mismos han elevado a norma.
Algunos dirán que yo también realizo refutaciones públicas sin que el oponente esté presente; pero, la diferencia es monumental. Yo no reclamo para ello la autoridad de Gálatas 2 como modelo normativo universal. Reconozco que la reprensión pública y cara a cara que Pablo ejerce allí es circunstancial y responde a un contexto específico. Jimmy Pineda, en cambio, pretende convertir ese episodio en fundamento de su práctica. Por tanto, es él quien está obligado a guardar el ejemplo completo, no solo la parte que le conviene.
Este es, una vez más, un ejemplo claro de su falta de juicio hermenéutico, de su lectura fragmentada de la Escritura y de la ligereza con la que se apropia de una autoridad que el propio texto bíblico no le concede.
La contradicción es total. Jimmy Pineda exige ejemplo bíblico para permitir que un no cristiano bautice, pero no exige ningún ejemplo bíblico para permitir que un cristiano que no es apóstol, ni profeta, ni evangelista lo haga. Su criterio no es bíblico. Es selectivo. No es hermenéutico. Es sectario. No pregunta qué dice el texto, sino qué conclusión necesita preservar.
Si el ejemplo bíblico define la clase de bautizador, entonces Jimmy Pineda no tiene autoridad para bautizar ni para reconocer su propio bautismo, a menos que pueda demostrar una sucesión estricta conforme a los únicos ejemplos registrados en la Escritura. Y si no acepta esa conclusión, entonces queda expuesto que su apelación al “ejemplo apostólico” es falsa desde la raíz.
Jimmy Pineda no respeta el silencio bíblico. Lo instrumentaliza. Lo convierte en prohibición cuando le estorba y lo ignora cuando lo compromete. Ese uso arbitrario del texto no es fidelidad a la Escritura. Es manipulación doctrinal.
Por tanto, su postura no necesita ser refutada con una tesis alternativa. Se destruye sola. Implosiona bajo el peso de su propia lógica. Y cuando una doctrina colapsa sin que nadie tenga que demostrar nada, lo único que queda claro es que nunca fue enseñanza bíblica, sino una tradición humana defendida con retórica religiosa.
La postura de Jimmy Pineda parte de una premisa que aparenta piedad metodológica, pero que es profundamente defectuosa. Afirma que toda práctica válida debe desprenderse de un mandamiento, una declaración directa, un ejemplo apostólico o una inferencia necesaria. Hasta ese punto, el método no es objetable. El problema surge cuando ese principio se aplica de manera selectiva, incoherente y, en última instancia, autodestructiva.
El Nuevo Testamento jamás manda una clase específica de bautizador. Ahora bien, si Jimmy Pineda insiste en que cada ejemplo bíblico de bautismo fija la clase de bautizador autorizada por Dios, entonces su propia regla lo conduce a una conclusión absurda e ineludible. En el Nuevo Testamento, los bautismos registrados son realizados por apóstoles, profetas o evangelistas. Nunca leemos de un caso donde un cristiano que no tenga alguno de estos ministerios esté bautizando a alguien. No es que Jimmy Pineda no cite el texto. Es que tal texto no existe. Ese texto no está oculto, no está en algún manuscrito, sea corrupto o mayoritario, no está implícito. No está esperando a ser descubierto. Simplemente no está en la Biblia. No es un texto mal interpretado, es un texto inexistente. No es un pasaje oscuro, es un pasaje ausente. No es que no lo citen bien, es que no hay nada que citar. No es que la Biblia sea confusa, es que la doctrina es inventada. No es silencio mal leído, es vacío absoluto. Y una doctrina que necesita un texto inexistente para sostenerse, ya se ha condenado sola.
Si Jimmy Pineda acepta la autoridad normativa del ejemplo bíblico que él dice que existe en Hechos 8:38 con respecto a la clase de bautizador mandada, entonces está obligado a aceptar también esta consecuencia. Y si no la acepta, queda demostrado que su apelación al “ejemplo apostólico” es mera retórica. No cree realmente que el ejemplo bíblico regule la práctica. Más bien cree en un ejemplo inventado que coincide con su tradición. De otro modo, no estaría enseñando la doctrina incoherente de que “un cristiano” es quien debe bautizar, ya que esa categoría, así como por él declarada, jamás aparece en los ejemplos bíblicos. Si fuera consecuente, debería estar lamentándose por su salvación, incapaz de encontrar hoy a un apóstol, profeta o evangelista que pudiera bautizarlo conforme a su propio sistema.
¿Qué hace entonces? Adopta un “ejemplo” inexistente, aprendido de su falso maestro Fernando Mata, un ejemplo que no puede leerse en ninguna página de la Escritura, pero que es presentado como si fuera revelación divina.
Para concederle el beneficio de la duda, preguntamos. ¿Fue bautizado Jimmy Pineda por un evangelista? ¿Y ese evangelista fue bautizado por otro evangelista, o por un apóstol, o por un profeta? ¿Puede presentar una línea de bautizadores compuesta exclusivamente por los ministerios que aparecen en los ejemplos bíblicos de bautismos? Recordemos que él mismo afirma que los textos donde se narran bautismos determinan la clase de bautizador mandada por Dios. Si esa clase es apóstol, profeta o evangelista, entonces su propia historia bautismal debe ajustarse estrictamente a ese patrón. Si no puede hacerlo, su bautismo cae bajo la sospecha de su propio sistema. No por lo que otros digan, sino por la lógica de su propia doctrina falsa.
El caso de Felipe y el etíope expone todavía más esta incoherencia. Pero, antes que nada, es necesario señalar que la acusación de que yo haya dicho que Felipe no era cristiano es completamente falsa. Nunca lo he afirmado. Al contrario, he sostenido que Felipe no solo era cristiano, sino evangelista, como claramente lo indica Hechos 21:8. Atribuirme ese argumento inexistente es una táctica vieja, heredada directamente de su falso maestro, y no constituye refutación alguna, sino una caricatura del oponente, un hombre de paja.
Tampoco es cierto que yo niegue el ejemplo bíblico o que lo use selectivamente. Lo que niego es que los relatos de bautismo sean ejemplos normativos que legislen la clase de bautizador como siendo mandada por Dios. Si Jimmy Pineda afirma que lo son, le corresponde probarlo y asumir las consecuencias doctrinales de esa afirmación. Un texto no se convierte en norma simplemente porque alguien lo declare así, ¿verdad?
Ahora bien, y adelantándome a su respuesta, si el relato de Hechos 8 fija la clase de bautizador, todo el texto es sumamente revelador. Después del versículo 38, la narración solo presenta a Felipe, el evangelista, bautizando. El etíope, aunque es cristiano por haber sido bautizado, no es presentado como evangelista, ni profeta, ni pastor. Y, sobre todo, el texto jamás dice que haya bautizado a alguien. La Biblia nos muestra a dos varones cristianos, uno bautizando y el otro no. Uno con ministerio evangelístico y otro sin él. Del etíope solo se nos dice que “siguió gozoso su camino” (v. 38).
Entonces, y mientras lee Hechos 8, ¿cómo llega Jimmy Pineda a la conclusión de que “un cristiano” es quien puede bautizar, cuando el texto bíblico muestra que quien bautiza es un cristiano que ejerce la obra de evangelista? Si el silencio bíblico invalida prácticas, entonces también invalida la idea de que el etíope bautizara a alguien. Y si el etíope no bautizó, pero Felipe sí, la conclusión forzada por su propio razonamiento es que el bautizador autorizado debe ser evangelista, no simplemente cristiano. Así, el caso de Felipe y el etíope deja su postura en ruinas.
La contradicción es total. Jimmy Pineda exige ejemplo bíblico para permitir que un no cristiano bautice, pero no exige ningún ejemplo bíblico para permitir que un cristiano que no es apóstol, ni profeta, ni evangelista lo haga. Su criterio no es bíblico. Es selectivo. No es hermenéutico. Es sectario. No pregunta qué dice el texto, sino qué conclusión necesita preservar.
Si el ejemplo bíblico define la clase de bautizador, entonces Jimmy Pineda no tiene autoridad para bautizar ni para reconocer su propio bautismo, a menos que pueda demostrar una sucesión de buatizadores conforme a los únicos ejemplos registrados en la Escritura. Y si no acepta esa conclusión, entonces queda expuesto que su apelación al “ejemplo apostólico” es falsa desde la raíz.
Jimmy Pineda no respeta el silencio bíblico. Lo instrumentaliza. Lo convierte en prohibición cuando le estorba y lo ignora cuando lo compromete. Ese uso arbitrario del texto no es fidelidad a la Escritura. Es manipulación doctrinal.
Por tanto, su postura no necesita ser refutada con una tesis alternativa. Se destruye sola. Implosiona bajo el peso de su propia lógica. Y cuando una doctrina colapsa sin que nadie tenga que demostrar nada, lo único que queda claro es que nunca fue enseñanza bíblica, sino una tradición humana defendida con retórica religiosa. Con pura pretensión racional, pero nada más, pura pretensión.
